Los medios son los encargados de enmarcar la realidad, priorizando y seleccionando la información de acuerdo a los intereses de la ciudadanía.
Como todo, la selección de noticias tiene un coste de oportunidad; cuando nos decantamos por una información estamos rechazando o desechando los demás contenidos que bajo un criterio, inevitablemente subjetivo, consideramos de menor relevancia.

Esta selección que llega a la ciudadanía y que, evidentemente, no es consensuada, moldea nuestras percepciones. Los medios son los responsables de mediar la importancia de los temas, de acuerdo a un contexto determinado por un espacio y un tiempo en los contenidos.
Asimismo, ofrecen valores, configuran la agenda, y conforman la realidad. Los medios de comunicación no influyen en nuestras decisiones porque tomamos la información que nos proporcionan, y como señalábamos anteriormente, no nos dejan elegir. Sin embargo, la información que se presta a la audiencia se elige de acuerdo a unos intereses que se suponen en la ciudadanía: informaciones que llaman la atención y despiertan el interés de la ciudadanía, de manera general. Simplemente venden lo que crea la audiencia, lo que a la audiencia le gusta y le interesa. Los medios centran su actividad en lo que se considera interesante y la comunicación procesa lo importante. Es entonces cuando se crea una tensión inevitable entre medios, organizaciones o instituciones y las personas; cada uno de ellos tiene unas preferencias.
La manera de construir una información es similar en todos los medios (internet, prensa, radio…): se eligen los hechos (una realidad), se valoran (medios de comunicación), se editan y finalmente, se publican (realidad mediática).